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Aventura del mundo de los sueños

Los sueños nos abren las puertas de un mundo extraño y maravilloso. Si bien parecen presentar muchos de los rasgos del mundo de nuestro estado de vigilia, como personas, animales, objetos y lugares, está al mismo tiempo lleno de sutiles sorpresas y diferencias. Entrar en este mundo mientras dormimos nos deja en buena medida en la ignorancia de sus posibilidades. Entrar, en cambio, acompañados por la conciencia del hombre que está despierto, como sucede cuando exploramos un sueño por medio del procesamiento, despliega el impacto mágico de lo que vamos descubriendo.

Cuando abrimos la puerta de los sueños de esta manera comenzamos un viaje. Contiene etapas, problemas que vencer y cosas que aprendemos, tal como en un viaje. Muchos nos han antecedido; existen libros como Alicia en el país de las maravillas, la Odisea, Exploración del espacio interior y Estados alterados de conciencia que describen esos viajes.

Si bien durante el viaje alcanzaremos tal vez las cumbres de la experiencia religiosa, tanto como las profundidades de la desesperación humana, se trata primordialmente de un viaje hacia la confrontación con nuestro propio potencial, nuestro propio temor, los esquemas de nuestras ideas y nuestros hábitos prisioneros, la capacidad de elevar nuestra percepción más allá de lo conocido antes y de contemplar el mundo y nuestra vida en él desde nuevas perspectivas. Es un viaje hacia una mayor madurez, en el que podemos encarar una visión de nuestra pequeñez que nos llena de humildad, el encuentro con el niño vulnerable que fuimos una vez, el vaciamiento de los arcones repletos de resentimiento, ofensa o ira, la identificación de nuestros sueños orno medios para una renovación consciente de nuestra identidad, y e encuentro con el Amor con mayúscula, cuando nos sentimos partícipes del milagro de la vida.

Contemplamos el nacer, afrontamos la merte, miramos la vastedad y profundidad del espacio del cual surgió nuestro ser. Luego percibimos los rostros de otros seres humanos que viven junto a nosotros, y así reconocemos que todos hacernos el mismo viaje y que sólo contamos con nuestro prójimo. Al comprender que todos somos olas de un mar sin playas, pues no partimos desde ningún puerto y avanzamos sin destino cierto, comprendemos nuestra responsabilidad individual y consideramos qué hacer con nuestro impulso vital.

Ver the adventure of the dream world

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