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Huerto

Esfuerzos que pueden estar dando frutos; nuestro propio crecimiento. Ver jardín.

Ver orchard

Huevo

Potencial; partes del yo no realizadas aún o no fertilizadas por nuestra acción o condición de seres conscientes; óvulo; sentido de asombro frente a la vida; nuestra vida prenatal.

Ver egg

Humo

Intuición de peligro; ansiedad frente al peligro; pasiones o emociones ardientes. Ver fuego.

Ver smoke

Humphrey, Nicholas

Considera que los seres humanos tienen necesidad de aprender y modificar estrategias para la supervivencia y la interacción social. Del animal humano dice: “Depende del cuerpo de los demás animales no sólo para su mantenimiento durante la infancia y su realización sexual como adulto, sino además, en una forma u otra, para el éxito o fracaso de casi todo lo que emprende. En estas circunstancias la capacidad de adoptar como modelo la conducta de otros en el grupo social tiene un valor supremo para la supervivencia”. Sabemos que los gatos, cuando sueñan, practican el acecho y caza de presas. Humphrey plantea que en sus sueños los seres humanos practican y modifican la conducta social.

Ver Nicholas Humphrey

Hundirse

Desesperarse; perder terreno; pérdida de la confianza. Ver segundo ejemplo en caer.

Ver sink

Identidad y sueños

Tener un sentido de existencia personal diferenciado del de los demás puede ser algo único para los seres humanos y en gran medida se debe al aprendizaje de una lengua. Los estudios de Jung y de Neumann sobre el desarrollo histórico de la identidad sugieren, en un sentido evolutivo, que tener un “yo” es una función recientemente adquirida. Ese hecho la vuelve vulnerable. Además, en forma muy obvia, es algo que se desarrolla durante la infancia y alcanza distintos niveles de madurez durante el período adulto. Si bien es nuestra experiencia central, continúa siendo un enigma, algo frágil y ligero que se pierde a sí mismo en los sueños y cuando dormimos, y a la vez es dominante y seguro de sí mismo en estado de vigilia.

En los sueños nuestro sentido del yo, nuestro ego, personalidad o identidad, se expresa por nuestro propio cuerpo o a veces simplemente por el sentido de nuestra propia existencia como una observadora. En la mayoría de los sueños nuestro “yo” pasa por una serie de experiencias, tal como lo hacemos en estado de vigilia, viendo cosas con nuestros ojos físicos, tocando con nuestras manos, y así sucesivamente. Sin embargo, ocasionalmente contemplamos nuestro propio cuerpo y el de otras personas como desde un punto separado de conciencia incorpórea. Si aceptamos que retratan en imágenes nuestra concepción de nosotros mismos, los sueños sugieren entonces que nuestra identidad depende en grado considerable del hecho de tener un cuerpo, su género, salud, calidad, la posición social en la cual nacemos y nuestra relación con los demás. De hecho sabemos que si una persona pierde su trabajo, puede sufrir una crisis de identidad. Sin embargo, la experiencia incorpórea del yo señala la posibilidad humana de sentir el yo como algo con una experiencia separada de los procesos biológicos, de nuestro estado de salud y de nuestra posición social. En su forma más desnuda el “yo”, puede ser simplemente un sentido de la propia existencia sin que exista conciencia del cuerpo.

Los sueños muestran además nuestro sentido de nosotros mismos, sea en el cuerpo o sin él, como rodeado de una comunidad de seres u objetos separados del soñante, a menudo con voluntad propia. Si colocamos al soñante en el centro de un círculo y ponemos a su alrededor todos los personajes, animales u objetos de su sueño, y si transformamos estos objetos y sueños en las cosas que expresan, como sexualidad, pensamiento, voluntad, emociones, intuición, presión social, etc., veremos la masa diversificada de influencia en cuyo centro se encuentra el ego. Resulta obvio asimismo que nuestro “yo” ve estas cosas como exteriores a él en la mayoríade los sueños. Aun sus propios impulsos interiores de amar o de hacer el amor pueden mostrarse como criaturas externas con las que tiene una cantidad de formas de relacionarse. Si tomamos la palabra “psiquis” como equivalente a nuestro sentido de nosotros mismos, con frecuencia la vemos en conflicto con las fuentes de su propia existencia e intentando hallar su camino a través de la más extraordinaria de las aventuras, la aventura de la conciencia. Una de las funciones de los sueños puede ser, por lo tanto, la de ayudar a sobrevivir a la psiquis cuando debe encarar la infinidad de influencias en la vida, y aun en la muerte.

Ver individuación

Ver identity and dreams

Ídolo

Algunos cosa material; dinero, mujeres, trabajo, placer, que dirige su energía y acciones. Algo, o alguien que usted adora. Falso base desde la cual la vida directa. Ver estatua.

Ver idol

Iglesia Capilla Templo

Sentimientos o creencias religiosas, incluidos el código moral o nuestros sentimientos frente a la religión organizada. Cada uno de nosotros tiene un sentido de su relación con las fuerzas de .su vida interior y el mundo externo. Una capilla o iglesia puede expresar este sentimiento y lo que hacemos con él; nuestro sentido de lo que es sagrado o fundamental en cada vida y por lo tanto eterno; el impulso de existir; también puede asociarse con los ciclos de la vida y el crecimiento; la reproducción y la dependencia mutua.

Ver Arquetipo de Cristo; arquetipos; religión y sueños.

Ver church chapel temple

Iglú

Un ambiente familiar frío o tal vez carente de amor. También el útero; frigidez; sentido de una actitud paterna indiferente. Ver hielo.

Ver igloo

Imaginación activa

En varias oportunidades Carl Jung describió una técnica para hacer uso de la imaginación y permitir la libre expresión del inconsciente. Describe la imaginación activa como el proceso de apartar la crítica consciente mientras dejamos jugar o fantasear a lo irracional. En relación con un sueño, esta técnica puede ser extraordinariamente útil y reveladora. Una forma de aprender la técnica es tomar un sueño en el que aparece una persona más o menos bien definida. Uno se sienta a solas en una posición cómoda o con alguien que escuche con espíritu de comprensión, y se imagina o se siente como si estuviese en medio del sueño nuevamente. No necesita desarrollar imágenes claras, a menos que éstas surjan con facilidad. Luego, en un tono juguetón entabla un diálogo con el protagonista del sueño. Se le pregunta qué está haciendo, por qué aparece en el sueño de uno y qué representa. Can un poco de práctica los personajes del sueño pueden cobrar vida para el soñante, siempre que éste se permita jugar e improvisar un poco.

A medida que nos familiaricemos con esta imaginación activa, nos proporcionará otros medios de introducirnos en la vida de nuestros sueños. Podemos imaginarnos como el personaje del sueño o aun como sus objetos o animales y permitirnos experimentar y hablar desde el punto de vista de ellos. Entramos en el sueño y lo conducimos hasta el punto en que se detuvo, imaginando lo que podría satisfacernos y volviéndonos así más activos en el manejo de nuestra vida interior y exterior.

Ver procesamiento de los sueños.

Ver active imagination and dreams

Impermeable

Las actitudes que adoptamos para encarar emociones o hechos difíciles; suele aparecer recurrentemente en sueños sobre un cónyuge muerto, sugiriendo lágrimas o la liberación de emociones. Ver lluvia.Ver ropas.

Ver raincoat

Impuesto

Sentirse “gravado”. Lo que debemos a la vida y la sociedad por nuestra existencia; cuánto de nosotros estamos prontos a dar.

Ver tax

Inanición

Algo en nuestro ser que no recibe la debida atención; aspecto del yo empobrecido e ignorado; intento de negar el cuerpo porque sentimos ansiedad en cuanto a sus necesidades e impulsos.

Ver starvation

Incesto

Estos sueños rara vez se refieren al incesto físico, sino a los deseos que guardamos desde nuestra infancia de poseer o tener el control del amor y el cuerpo de nuestros padres. En la temprana infancia sentimos que nada existe fuera de nosotros mismos. Por consiguiente todo debe someterse a nuestros propios deseos. Que no ocurra así, que los padres hagan cosas diferentes de las que requerimos de ellos, provoca un choque que forma parte de la maduración.

Nuestras emociones infantiles, sin la censura de las reglas sociales y de la conciencia de nosotros mismos, tienen un enorme poder, y cuando no se las satisface o resuelve son retenidas inconscientemente. Si aspiramos a integrar la energía potencial encerrada en estos aspectos debemos encarar algunos de estos deseos incestuosos y transformarlos en amor adulto.

Ver incest

Inconsciente

Como los sueños surgen al parecer de lo que se ha llamado el inconsciente, es útil comprender ciertos conceptos sobre él, así como algo acerca de su naturaleza.

En las culturas antiguas hallamos ocasionalmente indicios relacionados con el inconsciente, pero no declaraciones concretas como las presentadas por Freud. En las teorías de los sueños elaboradas por los indígenas iroqueses de América del Norte, los sueños hacen saber los deseos ocultos o inconscientes del sector de la psiquis. (Ver culto iroqués de los sueños.) Las historias griegas sobre el mundo subterráneo también describen con claridad actividades inconscientes comunes.

En general, no obstante, muchos pueblos de la antigüedad desarrollaron conceptos sobre agentes exteriores como diablos, espíritus, ángeles y dioses para explicar los fenómenos que hoy conectamos con el inconsciente. El primer filósofo que se expresó en términos claros en cuanto al carácter inconsciente de una parte de nuestra mente fue Leibnitz. Según observó, a menudo recordamos en una fecha posterior algún detalle de la experiencia en el cual no habíamos reparado en el momento. Cabe inferir, entonces, que lo habíamos observado en forma inconsciente. Por consiguiente, en general la palabra incluye cualquier cosa de la que no tenemos conciencia en nuestro ser.

El concepto de Freud sobre un elemento inconsciente en la naturaleza humana que influye en la conducta consciente fue objeto de gran resistencia. Para muchos era inquietante y además ponía en tela de juicio la idea del hombre como “capitán de su alma”. El equívoco que postula Freud se ha convertido en uno de los ejemplos populares de la influencia del inconsciente. Decir a los invitados que llegan a nuestra casa: “Lamento tanto, no, quiero decir me alegro tanto de que hayan venido”, sugiere que nuestro verdadero sentimiento era de pesar por la visita, no alegría. Sin embargo, tales deslices verbales pueden considerarse como intentos de ocultar nuestros verdaderos sentimientos, en lugar de prueba de motivaciones inconscientes.

Si tomamos en cuenta no sólo los enfoques sobre el inconsciente de Freud y de Jung sino además otros resultados de investigaciones más recientes, debemos tomar el término inconsciente como representativo de muchos aspectos y funciones del yo, más que como algo que sea posible definir con toda claridad. En consecuencia podemos pensar en el término como semejante a la palabra cuerpo, que abarca todo un espectro de órganos, funciones, procesos químicos, fenómenos neurológicos, sistemas, actividades celulares y, además, nuestra experiencia de los mismos.

Memoria: los experimentos de Penfield con la memoria, junto con el aspecto experimental de la psicología humanista, sugieren que la mayoría, aunque no todas nuestras experiencias, se retienen en un nivel de memoria al que no tenemos acceso, salvo rara vez. Nuestra experiencia diaria de llegar a distintas partes de nuestra memoria y sólo excepcionalmente alcanzar otras partes es un ejemplo. Se ha demostrado que hasta la vida prenatal deja recuerdo, aunque éste no es verbal. La palabra “inconsciente” puede referirse a estos recuerdos a los que tenemos poco acceso o que no hemos podido recordar desde su registro, pero que es posible recordar en circunstancias especiales.

Comunicación: una cuidadosa investigación de la palabra indica que hacemos uso sin cesar de un milagro de mecanismo mental cuando nos comunicamos mutuamente. Cada oración que oímos es objeto de una inmensidad de formas de análisis. Se toma cada palabra y se busca un significado. Éste se compara con otros, según el contexto de la oración, la dirección del diálogo, el que habla y su tono. Con una velocidad increíble formulamos nuestra respuesta, con búsqueda y comparación semejantes, así como filtros que controlan la situación social, estado de ánimo, categoría de la persona a quien nos dirigimos, etc. Todo esto tiene lugar en forma casi inadvertida, de modo que podemos conside-rarlo como proceso del inconsciente. Los factores que rigen a los sujetos aludidos y la elección de las palabras son también en parte inconscientes.

Procesamiento de la información: según la teoría actual, el volumen de información que puede reunir el cerebro supera el de todos los libros de la biblioteca del Museo Británico. Gradualmente se establece que la información reunida no es simplemente lo que aprendemos mediante la comunicación o lo que leemos o intentamos aprender. En realidad, antes del discurso se ha compilado una cantidad inimaginable de datos, proceso que continúa a una velocidad también inimaginable antes de la edad escolar. Imaginemos a un niño de edad preescolar que llega a un jardín. Poco a poco ha aprendido a relacionarse con sus movimientos musculares, su equilibrio y sus propias motivaciones y reacciones afectivas. Ha captado ya millares de fragmentos de “información” sobre cosas tales como las plantas del jardín, el gato del vecino, la calle, los posibles peligros, las zonas seguras. Ha absorbido ya extraordinarias cantidades relacionadas con las interrelaciones. Es probable que haya una ideade “realidad”, en el sentido de lo que es probable, y que se haya formado una idea también de lo que podría estar peligrosamente fuera de las normas. Juntamos información de maneras poco reconocibles. Cómo se relacionan nuestros padres con su medio y con otras personas, todo queda registrado y aprendido y es origen de una enorme programación que afecta la forma en que actuamos en circunstancias semejantes.

Como explicamos en la sección sueños como guía espiritual, tenemos gran capacidad para leer “símbolos”, rituales, arte, música, lenguaje corporal, arquitectura, drama, y para extraer “significado” de ellos, por lo cual contamos con reservas inmensas en estas fuentes. El trabajo realizado con personas que exploran sus sueños durante períodos prolongados sugiere que algunos de estos medios de información nunca se enfocan lo suficiente como para hacer consciente lo que realmente hemos aprendido. A veces sólo basta formularnos una pregunta para que comiencen a entrar en foco algunos de estos recursos. Preguntas como: “¿Qué actitud y respuesta social frente a la autoridad aprendí en la escuela’?”, “¿Qué reacción afectiva tengo en presencia de alguien a quien conozco bien?”, pueden llevar al plano consciente aspectos de información que están ya reunidos, pero permanecen inconscientes. Cabría explicar así por qué tenemos menos respuestas efectivas aparentemente irracionales frente a ciertas personas o situaciones.

Cuerpo: mucho de lo que llamamos el inconsciente consiste en funciones fisiológicas y psicológicas básicas. En una casa moderna, por ejemplo, cuando hacemos correr el agua en el inodoro no necesitamos traer un balde de agua y volver a llenar el depósito, sino que un mecanismo autorregulador permite el llenado y se detiene cuando el depósito está completo.Se trata de una ingeniosa función ya incluida, que en una época era necesario realizar en forma manual. Hoy vemos la instalación en algunos edificios de extinguidores contra el fuego o sistemas de alarma contra robos. Del mismo modo, por medio de la acción. desplegada sin cesar durante millares o millones de años, muchas funciones básicas o que entraban en actividad en casos de emergencia han quedado incorporadas a nuestra persona. No nos hace falta pensar en ellas, así como tampoco necesitamos dar aviso al sistema contra incendios o al inodoro cada vez que los necesitamos. Son, én consecuencia, inconscientes.

En el caso de los animales, la investigación relacionada con recompensas y reflejos condicionados ha demostrado que si llevamos a un animal a cumplir una acción determinada mediante una recompensa, cada vez que se aproxima más a la meta es capaz de hacer las cosas más sorprendentes. Puede aumentar la circulación sanguínea hacia su oreja, disminuir su ritmo cardíaco y en verdad influir en funciones corporales consideradas hasta ahora completamente involuntarias. Aunque algunos seres humanos han aprendido a utilizar varias de estas técnicas —como elevar a voluntad la temperatura de un brazo o contribuir a aumentar la eficiencia del sistema de inmunidad—, los procesos en sí continúan siendo inconscientes. En general, no obstante, se consideran las funciones corporales como apartadas de nuestra conciencia y también lo está uno de los sectores del inconsciente.

Comportamientos y hábitos de las especies: como especie el hombre tiene ciertas normas de conducta, muchas de las cuales compartimos con otros animales. Tendemos a buscar pareja en el sexo opuesto y a tener hijos. Cuidamos a nuestros hijos. Tenemos sentimientos intensos frente a nuestro territorio. En los grupos esto se convierte en nacionalismo y, al igual que las hormigas o cualquier otro grupo de animales, luchamos por defender dicho territorio. Elegimos líderes y tenemos rituales complicados respecto del prestigio grupal o de la dignidad personal. Buscamos signos exteriores de nuestra propia categoría y, siempre que ello es posible, los exteriorizamos.

Es frecuente que al conversar con otros individuos apenas sea posible reconocer estos impulsos. Sin embargo, tienen poder suficiente cuando se los manipula para reunir enormes ejércitos de gente que de inmediato marcha hacia la muerte. También están presentes detrás de la intensa hostilidad entre vecinos y naciones. Aunque son irracionales y no sirven a nuestros mejores intereses, millones de nosotros podemos movilizarnos bajo sus órdenes, como si no tuviésemos voluntad propia. Aunque los sentimientos detrás de ellos sólo rara vez son objeto de reconocimiento por nuestro yo consciente, suelen ser elevados a la categoría religiosa. El impulso de procrear, la elección de líderes, el deseo de ser padres y criar hijos, se observan todos en la religión cristiana como los esqueletos bajo mantos y rituales. ¿Por qué prohíbe el catolicismo el preservativo y el divorcio, hace del Papa una figura gigantesca, venera a una mujer con un niño en los brazos, si todo ello no obedece a esos grandes impulsos y presiones biológicas?

Los sueños revelan que mucho de la vida humana surge de estos patrones que están dentro de nosotros, sin que tengamos conciencia de ellos por ser inconscientes. A menudo veneramos la “norma” de estos patrones y la elevamos desde el punto de vista religioso o político a un nivel de enorme importancia. El problema es que muchos de estos patrones no nos sirven ya con tanta eficacia. Son hábitos desarrollados a través de milenios o millones de años de repetición. Mientras permanecen en el plano inconsciente nos resulta difícil darles una nueva dirección o admitir siquiera su influencia en nuestra vida.

Existen, desde luego, muchos otros aspectos del inconsciente, como los recuerdos traumáticos de la infancia, el proceso de los sueños, el de formación de imágenes y el aparato sensorial. Es suficiente para comenzar si reconocemos que buena parte de nosotros mismos y de nuestro potencial continúa siendo desconocida para nosotros, porque es aún inconsciente, o parte de nuestros procesos inconscientes.

Ver the unconscious

Inconsciente colectivo

Jung lo describe como las potencialidades inherentes a la imaginación humana. Es el depósito de experiencias ancestrales a lo largo de incontables millones de años, el eco del mundo prehistórico y sus hechos, al cual cada siglo incorpora una cantidad infinitesimal de variaciones y diferencias. Estas imágenes primordiales son las ideas más antiguas, universales y profundas de la humanidad. Jung trató de justificar su teoría de un estrato de existencia en el cual la mente individual tiene su origen colectivo en una explicación genética. Esto parece poco probable.

Rupert Sheldrake considera que se trata de fenómenos mentales. El doctor Maurice Bucke lo llamó conciencia cósmica. J. B. Priestley lo veía como la “Llama de la vida”, que sintetiza la experiencia de todos los seres vivientes y encierra dentro de sí lo esencial de todas las vidas. Si lo imaginamos como una vasta memoria colectiva de todo lo que ha existido, podemos afirmar que la vida de Edgar Cayce es evidencia de su contacto sostenido con ella.

Ese nivel mental colectivo podría explicar muchas cosas, como la telepatía, las experiencias extracorpóreas, la vida ultraterrena, fenómenos desconcertantes porque es difícil explicarlos aplicando los principios conocidos hasta hoy.

Ver collective unconscious

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