
Hipnosis y sueños
En muchos experimentos se ha utilizado la hipnosis en relación con los sueños. Al comenzar este siglo Cari Schroetter hipnotizó ala señorita E., una farmacéutica, en una tentativa de verificar la teoría de Freud sobre la formación de símbolos. Propuso a la señorita E. que soñase que tenía relaciones homosexuales con una amiga, L. El sueño que E. describió más tarde fue el siguiente: “Estoy sentada en un cafecito muy sucio con un enorme diario francés en la mano… Una mujer con un fuerte acento yiddish (es judía) me pregunta dos veces: ¿No necesita nada?’. No le respondo… vuelve unatercera vez. La reconozco como mi amiga. Tiene una maleta muy usada con una etiqueta que dice: ¡ Sólo para señoras!’ Salgo del café con ella… se aferra a mí y me resulta desagradable pero lo soporto… Frente a su casa saca un gran manojo de llaves y me entrega una. ‘Sólo la confío a ti ; es la llave de esta maleta. Tal vez quieras usarla. Cuida solamente de que mi marido no se apodere de ella’.” El sueño contiene varios de los símbolos freudianos clásicos de sexualidad, como la maleta, la llave y la frase “¡Sólo para señoras!”.
Según Schroetter la señorita E. nunca había oído hablar de los conceptos de Freud ni leído acerca de ellos.
Roffenstein, al sospechar que la señorita E. podría saber algo sobre las ideas de Freud, eligió a una niñera de veintiocho años, enteramente ignorante y con una inteligencia algo inferior a la normal, “que creció y vive aún hoy en un ambiente bajo”. Le propuso un sueño de relaciones sexuales con su padre. La mujer informó: “Soñé con mi padre, que me había dado una maleta muy grande y con ella una llave también de gran tamaño. Era una llave muy grande. Era como la llave de una casa. Tuve un sentimiento de tristeza. Abrí la maleta. De ella saltó una víbora hasta mi boca. Di un fuerte grito”.
Moore y Greenhouse presentan experiencias más recientes en New World of Dreams. A una de las personas se le sugirió que cuando era niña había mojado la cama y la madre la había reprendido. Esa noche soñó que caía en una charca en invierno y que su madr’e se enojaba. Un aspecto interesante de estas experiencias es que a otro sujeto hipnotizado se le contó este sueño y se le preguntó qué quería decir. Sin vacilar respondió: “Ah, seguramente esa niña debía mojar la cama”. Esta y otras experiencias indican que los seres humanos tienen una capacidad implícita, aunque tal vez inconsciente, para comprender el lenguaje de los sueños.
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